Si eres de la Generación Z y estás leyendo esto, prepárate para sentir el verdadero terror. No, no hablamos de una hipoteca a tipo variable, hablamos de lo que tus padres (y nosotros, los Millennials que ya peinamos canas o lucimos entradas) veíamos en la televisión mientras nos comíamos tranquilamente un bocadillo de Nocilla, de esos programas de TV antiguos. Hoy, en 2026, vivimos en la era de la corrección política, del funar en Twitter y de analizar con lupa cada chiste. Pero hace 20 años, la televisión en España era el Lejano Oeste.
Era una época salvaje. Una época donde el concepto de «límites del humor» o «derechos humanos» se difuminaba entre cortinillas de estrellas y sintonías pegadizas. Hoy vamos a hacer un ejercicio de arqueología televisiva y masoquismo nostálgico. Vamos a repasar esos programas de TV antiguos que si se emitieran hoy, provocarían la caída inmediata de la cadena, una manifestación en la Puerta del Sol y tres documentales de Netflix sobre el escándalo.
1. Humor Amarillo: Risas enlatadas y racismo «con cariño»
Humor Amarillo es, posiblemente, el programa más querido y a la vez más problemático de nuestra infancia. Todos recordamos al «Chino Cudeiro» y las «Zamburguesas». Nos reíamos a carcajadas viendo a gente partirse la crisma contra rocas de cartón piedra. ¿El problema? Todo el concepto se basaba en doblajes inventados que hoy harían implosionar a cualquier asociación contra el racismo.
Si analizas el programa con los ojos de 2026, lo que ves es una glorificación de la violencia física mezclada con estereotipos asiáticos que ríete tú de los Simpson de los 90. ¿Dónde encontrar la evidencia del delito? Busca en YouTube: «Humor Amarillo mejores caídas» o «Chino Cudeiro momentos». Verás cómo el humor se basaba, literalmente, en deshumanizar a los participantes japoneses para nuestro disfrute occidental. Hoy, el hashtag #HumorAmarilloIsOverParty sería trending topic mundial en 4 minutos.
2. Las Noches de Tal y Tal: La definición gráfica de «Casposo»
Si hay un programa que define la España de los 90, es este. Imaginad esto, Gen Z: El alcalde de Marbella, Jesús Gil, metido en un jacuzzi rodeado de mujeres en bikini (las «Chicas Chin Chin»), hablando de política, fútbol y soltando barbaridades machistas mientras un caballo blanco se paseaba por el plató. No es un sueño febril provocado por comer queso antes de dormir, esto se emitía en prime time.
Era la cumbre del «cuñadismo» hecho televisión. Corrupción urbanística, objetificación de la mujer y populismo, todo mezclado en un jacuzzi burbujeante. Hoy en día, Jesús Gil no duraría ni un segundo en antena sin que el Ministerio de Igualdad interviniera la cadena.
¿Dónde verlo para creerlo?
Tenéis que ir a YouTube y buscar «Jesus Gil Jacuzzi Tal y Tal». El nivel de surrealismo es tal que pensaréis que es un sketch de Paquita Salas, pero os juramos que era la realidad política y social de la época.
3. Lo que necesitas es amor: La «Caravana» del Acoso
Ah, el amor romántico de los 90. Ese que nos enseñó que «no» significa «insiste hasta que se canse». El programa Lo que necesitas es amor, presentado primero por Isabel Gemio y luego por Jesús Puente, tenía una sección icónica: La Caravana. La premisa era sencilla: alguien (generalmente un hombre) quería recuperar a su pareja que le había dejado (probablemente con razón), y el programa enviaba una caravana a perseguir a la chica al trabajo o a su casa para presionarla públicamente a volver con él.
Lo que entonces veíamos como un gesto romántico, hoy se llama coacción y acoso (en internet el famoso stalking). La presión social de tener una cámara en la cara y a todo el pueblo mirando hacía casi imposible decir que no sin parecer la mala de la película. Si esto se hiciera hoy, la «Caravana del Amor» acabaría con una orden de alejamiento judicial.
4. El Grand Prix del Verano: La vaquilla de la discordia
Duele poner este aquí, porque es el programa del abuelo y el niño, el clásico del verano. Pero seamos honestos: el uso de la vaquilla hoy es indefendible en la televisión pública. Aunque Ramón García nos aseguraba que la vaquilla «no sufría», ver a un animal asustado resbalando en un suelo acolchado mientras señores de Cuenca intentan torearla es algo que en 2026 no pasa el filtro de la Ley de Bienestar Animal.
De hecho, en su reciente vuelta (sin vaquilla), se demostró que el programa funciona igual de bien. Pero ver los clips antiguos, donde la vaquilla embestía a gente contra las gradas, nos recuerda que nuestro entretenimiento veraniego tenía un coste ético que preferíamos ignorar.
5. Crónicas Marcianas: El Circo de los Horrores
Javier Sardá dirigió la nave nodriza del late night español, y madre mía qué viaje fue. Crónicas Marcianas inventó la telebasura tal y como la conocemos. Pero más allá de los gritos y el salseo, el programa tenía una vertiente oscura: la explotación de personajes vulnerables para la mofa nacional. Galindo, Pozí, Carmen de Mairena, el Padre Apeles….
Se les llamaba «frikis», pero en realidad eran personas, muchas veces con problemas evidentes, a las que se les ponía delante de una cámara para que España se riera de ellas. A eso súmale los stripteases gratuitos y el ambiente de agresividad constante. Hoy en día, un formato que se basa en el bullying sistemático a la diferencia sería cancelado tras la primera pausa publicitaria.
6. Contacto con Tacto: Bertín Osborne desatado
Si pensáis que el Bertín Osborne actual es polémico, es porque no visteis Contacto con Tacto. El formato era un programa de citas donde Bertín hacía de presentador y «consejero». El nivel de chistes machistas, comentarios sobre el físico de las concursantes y la actitud de «macho alfa» rancio era de juzgado de guardia.
Era el manual del «cuñado» televisado. Frases como «¿Y tú, guapa, sabes cocinar?» eran el pan de cada día. Busca en YouTube «Bertín Osborne Contacto con Tacto machismo» y prepara el cubo para vomitar un poco. Es historia de España, pero de esa que preferiríamos borrar de los libros.
7. Ay, qué calor! y Las Mama Chicho: La cosificación como marca
Telecinco en los 90, bajo la dirección de Valerio Lazarov, tenía una obsesión: carne. Daba igual de qué fuera el programa. Podía ser un concurso de preguntas, uno de fútbol o el telediario (casi). Siempre había mujeres en bikini bailando sin motivo aparente. Las «Mama Chicho» o las «Cacao Maravillao» no eran bailarinas, eran decorado.
Programas como Ay, qué calor! o Goles son amores (donde Manolo Escobar cantaba mientras chicas se desnudaban por marcar un gol) son el ejemplo perfecto de la televisión hecha por y para la mirada masculina más básica. Hoy, esto se consideraría tan ofensivo y anacrónico que resultaría hasta difícil de creer que fue real.
¿Qué fue de las Mama Chicho?
Las Mama Chicho fueron un grupo de bailarinas italianas emblema de Telecinco en los 90. Hoy en día, el término se usa irónicamente para referirse a la televisión sexista de la época de Silvio Berlusconi y Valerio Lazarov.
8. El Semáforo: La crueldad hecha concurso
Jordi Estadella y Marlene Mourreau presentaban este concurso donde gente «con talento» iba a actuar. El problema es que el programa buscaba deliberadamente a gente que no tenía talento o que hacía cosas ridículas para que el público, literalmente, tocara cacerolas y sartenes para echarlos del escenario.
Era la humillación pública institucionalizada. «Vamos a traer a este señor que canta mal para que 300 personas le hagan ruido hasta que se vaya llorando». Un concepto de entretenimiento cruel que hoy nos hace preguntarnos: ¿En qué estábamos pensando?
Pero a ver, entonces… ¿Éramos peores personas?
No necesariamente, pero éramos una sociedad con el umbral de la sensibilidad mucho más alto (o anestesiado). Ver estos programas de TV antiguos hoy nos sirve para darnos cuenta de cuánto hemos evolucionado. Nos quejamos de la «generación de cristal», pero quizás, solo quizás, dejar de reírnos del maltrato animal o del acoso no sea «fragilidad», sino simplemente no ser unos imbéciles.
¿Y tú? ¿Echas de menos alguno de estos programas o te da vergüenza admitir que los veías? Si te ha entrado la nostalgia (o el cringe), pásate por nuestra sección de Lo Retro para seguir recordando cosas que te harán sentir viejo.




