Olvídate del zodiaco, del ascendente en Capricornio y de si eres una «persona vitamina» o un vampiro energético. En la España de 2026, la verdadera división social no la marca tu código postal, ni a quién votas, ni siquiera si eres de tortilla con o sin cebolla (con cebolla, no somos salvajes). Dime dónde compras y te diré exactamente qué tipo de neurosis arrastras.
Digámoslo claro: el supermercado ha dejado de ser un lugar de abastecimiento para convertirse en una trinchera ideológica. Es nuestra nueva plaza del pueblo, nuestro Tinder y, sobre todo, nuestro confesionario. Tu carro de la compra es el espejo de tu alma… y de tu nómina.
Ahora que el precio del aceite de oliva nos ha dado una tregua y ya no necesitamos avalistas para comprar una garrafa de cinco litros (aunque el trauma de los precios a 12€ sigue vivo en nuestra memoria colectiva), ha surgido un nuevo fenómeno: el hooliganismo de supermercado. Gente que defiende su cadena de confianza con la misma pasión con la que tu cuñado defiende que el VAR está manipulado.
Si alguna vez has sentido que perteneces a una tribu urbana solo por elegir entre una bolsa de plástico verde o una amarilla, este artículo es para ti. Prepárate para ser juzgado.
Mercadona: Los Hooligans de Roig y la Secta del Hacendado
Empezamos por el rey, el patrón, el Big Boss. Mercadona no es un supermercado, es un estado mental. Y sus clientes no son consumidores, son fieles. En los últimos años, hemos visto nacer una estirpe de influencers involuntarios y señoras con TikTok que se comportan como auténticos ultras de fútbol.
El perfil del comprador de Mercadona en 2026 ha mutado. Ya no es solo la familia media española; ahora tenemos a los Hooligans de Juan Roig. Son esa gente que se sabe el día y la hora exacta a la que reponen las novedades de cosmética. Si retiran un producto (R.I.P. a las gyozas de pollo originales, siempre en nuestros corazones), montan una campaña en Change.org y amenazan con quemar contenedores en Twitter.
Señales inequívocas de que estás en la secta:
- Defensa a ultranza: Si alguien critica que han subido los precios, tú respondes automáticamente: «Ya, pero la calidad-precio de la crema de cacahuete no tiene rival». Estás adoctrinado. PUnto.
- El tour turístico: Cuando vas a otra ciudad de turismo por España, entras a un Mercadona «solo para ver si tienen lo mismo». Spoiler: Sí, tienen lo mismo. Es una franquicia.
- La canción: Tarareas el «Mer-ca-do-na, mercadona» en la ducha. Es el hilo musical de tu vida.
Lo curioso de este grupo es que, aunque se quejen de que la bandeja de salmón ha encogido tres gramos, vuelven cada semana. Es una relación tóxica de manual, pero eh, al menos el hummus está bueno. Es el sitio perfecto para comprar los ingredientes de tus tuppers semanales si eres de los que intentan sobrevivir a la oficina con dignidad.
Lidl y Aldi: El Bazar del Caos y las Tentaciones Absurdas
Si Mercadona es el orden y la uniformidad, Lidl y Aldi son el Salvaje Oeste. Aquí no vienes a buscar paz, vienes a buscar emociones fuertes. El perfil de este comprador es alguien que vive al límite, alguien con un TDAH no diagnosticado que salió de casa a por leche y ha vuelto con una lijadora orbital, un pijama de unicornio y una máquina para hacer pan que usará exactamente una (1) vez.
El «Bazar del Final» es la trampa mortal del consumismo moderno. ¿Necesitas unos calcetines térmicos a 30 grados en agosto? No. ¿Los vas a comprar porque valen 2,99€? Totalmente sí.
La prueba de fuego: La Caja Rápida
Pero lo que realmente define al comprador de estos supermercados alemanes es su capacidad de reacción. Las cajeras y cajeros de Lidl no escanean productos; los lanzan. Tienen un entrenamiento militar de élite. Si no eres capaz de embolsar a la velocidad de la luz, sentirás la mirada de desprecio de la señora que espera detrás de ti y el juicio silencioso del cajero que ya te ha tirado los yogures encima de los huevos.
Es un deporte de riesgo. Solo los más ágiles sobreviven. Si consigues salir de ahí con la dignidad intacta y sin haber comprado un set de destornilladores que no necesitas, eres un héroe nacional.
Sanchez Romero y El Club del Gourmet: El Postureo de la «Old Money»
Cambiamos de tercio. Entramos en territorio hostil para el mileurista. Aquí no huele a lejía, huele a dinero viejo y a perfume caro. Si tu respuesta a «dime dónde compras» es Sanchez Romero o el Club del Gourmet de El Corte Inglés, tenemos dos opciones: o eres rico, o eres un wannabe que acaba de cobrar la paga extra.
Este es el supermercado del postureo gastronómico. Aquí la gente no mira el precio, mira la denominación de origen. Es el único lugar del mundo donde puedes encontrar aguacates que tienen mejor currículum que tú y jamón que cuesta lo mismo que la entrada de un piso en Móstoles.
El comprador de aquí no hace «la compra», hace «avituallamiento selecto». Es esa persona que se niega a pisar un restaurante de moda si no tienen carta de aguas, y que aplica esa misma lógica a su nevera. ¿Lo mejor? Verlos intentando justificar que esos espárragos de 40€ «se notan muchísimo» en la ensalada, cuando en el fondo saben que saben igual que los del frasco de cristal del Dia.
Carrefour y Alcampo: Los Maratonianos del Pasillo Infinito
¿Te gusta caminar? ¿Te sobran tres horas de tu vida? Bienvenido al hipermercado. Este es el territorio de las familias numerosas y de los jubilados que practican el «paseo del aire acondicionado» en verano. Entrar en un Alcampo o un Carrefour gigante es como entrar en Narnia: sabes cuándo llegas, pero no cuándo vuelves.
El perfil aquí es el previsor apocalíptico. Carros llenos hasta los topes, packs de 24 litros de leche, papel higiénico industrial como para momificar a toda la dinastía Ming. Es gente que no compra para la semana, compra para sobrevivir a un asedio zombie.
El drama real de estos sitios es la pérdida de orientación. Necesitas un GPS para encontrar la sección de leches una vez que te has adentrado en la zona de electrónica. Y ojo, porque siempre sales con algo que no estaba en la lista: una televisión de 55 pulgadas porque «estaba de oferta» o un pack de calzoncillos porque «ya que estamos aquí…».

Dia y el Súper de Barrio: La Resistencia en Pantuflas
No podemos olvidarnos de los héroes de la cercanía. El Dia (o su equivalente local) es el supermercado de la supervivencia urbana. Aquí no vas a hacer la compra del mes; vas porque te has quedado sin papel de cocina o porque necesitas una pizza congelada un martes a las 10 de la noche.
El código de vestimenta aquí es: todo vale. Pijamas debajo del abrigo, chanclas con calcetines o pelos de «me acabo de levantar de la siesta». Es el lugar donde te encuentras a tu ex cuando peor aspecto tienes. Ley de Murphy.
Pero cuidado, porque el Dia ha tenido un glow up. Ya no es ese sitio oscuro y desordenado de los 2000. Ahora intentan ser aesthetic, tienen panadería recién hecha y máquinas de zumo. Aún así, su esencia sigue siendo la de «sálvame la vida que no tengo nada en la nevera». Es el refugio de los que sufren la Cuesta de Enero y buscan ofertas de 3×2 en latas de atún como agua de mayo.
Erewhon (Mención Honorífica): El Postureo que intentamos copiar
No podíamos cerrar sin mencionar el elefante en la habitación de las redes sociales. Aunque en España no tenemos Erewhon (ese súper de Los Ángeles donde un batido vale 20 dólares y te puedes cruzar con Hailey Bieber), lo intentamos imitar.
Ha surgido una tribu de Gym Bros y Health Coachers que van al supermercado buscando replicar ese estilo de vida. Buscan kéfir de cabra, kombucha artesanal y suplementos de colágeno. Son los que leen las etiquetas nutricionales con lupa y usan la app Yuka bloqueando el pasillo durante 15 minutos, para acabar comprando lo mismo de siempre pero en un envase más bonito y caro. Si eres de los que hace el Dry January no por salud, sino por subirlo a stories con una bebida isotónica orgánica, probablemente pertenezcas a este grupo aspiracional.
En Postureo Español nos encanta que nos hagáis preguntas, así que nos adelantamos siempre a las mejores
¿Es cierto que se liga en Mercadona?
La leyenda urbana de la «hora de ligar» (de 19:00 a 20:00) con la piña en el carro fue el momento cumbre de nuestra sociedad en 2024-2025. Aunque la fiebre ha bajado, todavía hay quien se arregla sospechosamente bien para ir a por pan de molde. Si ves a alguien chocando su carro contra el tuyo en la sección de vinos… no es un accidente.
¿Por qué las cajas de Lidl son tan rápidas?
Es una estrategia de eficiencia alemana llevada al extremo. El objetivo es maximizar el flujo de clientes y minimizar tu dignidad. Consejo: no intentes guardar el cambio en la cartera allí mismo, hazlo en el coche o en tu casa si quieres evitar el odio colectivo de la cola.
¿Dónde es más barato comprar en 2026?
La batalla está reñida. Los estudios dicen que Alcampo y ciertas cadenas regionales suelen llevarse la palma, pero los «Hooligans de Mercadona» te dirán que la marca Hacendado cunde más. Al final, lo barato sale caro si acabas comprando tres pijamas en el bazar de Lidl que no necesitabas.
Entonces, ¿Dónde compro?. Todos somos esclavos del ticket
Eso no te lo vamos a responder nosotros, porque al final del día, dime dónde compras y te diré que, sea donde sea, todos acabamos igual: mirando el ticket final con una mezcla de incredulidad y dolor, preguntándonos en qué momento tres bolsas de plástico se convirtieron en el mayor lujo de la compra.
Da igual si eres team Hacendado, si te gusta el riesgo de Lidl o si prefieres el glamour de Sanchez Romero. Todos nos encontramos en la cola, todos juzgamos lo que compra el de delante (¿quién compra 15 bricks de gazpacho en invierno?) y todos volvemos a caer la semana siguiente.
¿Y tú? ¿Eres un ultra de Juan Roig o un aventurero del bazar? Cuéntanos en los comentarios qué capricho absurdo has comprado últimamente y te diremos a qué tribu perteneces.
@lidl__hooligans




