Los monumentos raros de España no son un accidente. Son decisiones. Alguien los propuso, alguien los aprobó en pleno, alguien los pagó con dinero público y alguien se puso un traje para inaugurarlos. Estos existen de verdad, con su autor y su acta correspondiente.
El Ecce Homo de Borja (Zaragoza)

En 2012, Cecilia Giménez quiso restaurar un fresco de Elías García Martínez pintado en 1930 en el Santuario de la Misericordia. Lo dejó a medias para irse de viaje. El resultado, bautizado como «Ecce Mono», dio la vuelta al mundo. Lo que nadie esperaba: el pueblo pasó de 5.000 visitas anuales a 45.000, un aumento del 900%, y desde entonces ha recibido a más de 300.000 personas de 110 países. Giménez falleció en diciembre de 2025 a los 94 años. El fresco sigue ahí, cobrando entrada.
El Ángel Caído (Madrid)

El Retiro tiene el único monumento del mundo dedicado oficialmente al diablo. La estatua de Ricardo Bellver, instalada en 1878, representa a Lucifer en el momento exacto de su caída del cielo. Es arte académico de primer nivel y está catalogada como Bien de Interés Cultural. Que el monumento al diablo esté en el parque más familiar de Madrid es un detalle que el ayuntamiento nunca ha explicado del todo.
La Patata de Amorebieta (Vizcaya)

Obra de Andrés Nagel, instalada en una rotonda en 2003. Bronce, 8,5 metros de alto, 2,5 toneladas, tres patas y una tela de nailon a modo de cola. Oficialmente no es una patata, pero el pueblo decidió que lo era y ganó el pueblo. Su retirada se ha debatido varias veces. Sigue en la rotonda.
El oso de gominola de Boadilla del Monte (Madrid)

Una escultura de más de siete metros con la forma y los colores de un osito de gominola gigante, obra de Eladio Mora. Los colores estridentes chocan con todo lo que tienen alrededor, que es exactamente lo que un caramelo de tamaño colosal hace en un entorno urbano. La intención era alegrar. El efecto es difícil de ignorar.
El diablillo del selfie (Segovia)

En 2019, Segovia instaló junto a su acueducto romano la estatua de un diablillo haciéndose un selfi. Una asociación católica de vecinos lo interpretó como un ataque a sus sentimientos religiosos, recogió 12.500 firmas y pidió a la justicia que prohibiera la instalación. El acueducto lleva dos mil años ahí. El diablillo aguantó la polémica con el móvil en alto.
Las Moscas (León)

La escultura de Eduardo Arroyo en la Plaza de Santa María lleva más de una década generando polémica. El Procurador del Común llegó a pedir su reubicación fuera de la plaza. Arroyo es un artista de prestigio internacional. La obra se conoce popularmente como «Las moscas», y ese apodo resume el nivel de consenso vecinal alcanzado.
El muñeco de nieve de Santa Cruz de Tenerife

En la Plaza de las Nieves de Santa Cruz se instaló una escultura de un muñeco de nieve para representar el cambio climático. El detalle: Tenerife tiene un clima donde la nieve es, por decirlo suavemente, infrecuente. La pieza intenta concienciar sobre el calentamiento global desde una de las ciudades más cálidas del país. La ironía no estaba prevista en el proyecto.
«Los Simpsons» de Castelldefels (Barcelona)

El «Monumento a los Mayores» de Manuel Rivera era una escultura pintada enteramente de amarillo. Los vecinos la rebautizaron al instante como «los Simpsons de Castelldefels». Aguantó hasta enero de 2019, cuando fue retirada. El homenaje a los mayores acabó siendo un homenaje involuntario a una familia animada de Springfield.
Los Monumentos a la Felicidad (Alicante)

Las piezas de Joan Ripollés repartidas por Alicante tenían un objetivo declarado: transmitir felicidad. La respuesta ciudadana fue menos festiva. Una de las esculturas acabó lanzada al mar y otra apareció mutilada. Pocos monumentos resumen mejor la distancia entre la intención del autor y la recepción del público.
La Garra del Diablo (Albacete)

En la rotonda donde confluyen las calles México, Lepanto y Circunvalación, Albacete tiene una escultura conocida como la Garra del Diablo. Aparece de forma recurrente en los rankings de esculturas de rotonda más temidas del país. La rotonda cumple su función. La garra también, a su manera.
Paisaje Germinador (Gijón)

La obra de Miguel Ángel Lombardía en el Cabo San Lorenzo recibió críticas en redes por un motivo concreto: tapaba las vistas del acantilado. Un mirador con uno de los mejores paisajes de la costa asturiana, mejorado con una estructura que se interpone entre el visitante y el mar. El arte público y el sentido común no siempre comparten presupuesto.
Si el dudoso gusto institucional es lo tuyo, tenemos la recopilación de logos que debieron ir a la cárcel y una galería de aves que la evolución diseñó en un mal día. La naturaleza también firma proyectos cuestionables, pero al menos no los paga el contribuyente.
El caso del Ecce Homo de Borja demostró algo incómodo: a veces el monumento que sale fatal es el que más turistas trae. El presupuesto de cada uno de estos está en el acta del pleno correspondiente. Que nadie diga que no hay transparencia.




