Un hombre cruza descalzo una alfombra de brasas que pueden superar los 500 °C. A cientos de kilómetros, caballos de casi 500 kilos se encabritan entre la multitud al son de un tambor medieval. En un pequeño pueblo del Pirineo, decenas de vecinos bajan de la montaña con antorchas encendidas mientras el pueblo entero las espera en silencio.
Todo ocurre la misma noche en España. Mientras millones de personas celebran San Juan con hogueras en la playa, estos pueblos mantienen rituales centenarios que merecen algo más que una visita rápida. En Postureo ya hemos explorado monumentos raros de España y 11 récords Guinness que parecen broma pero son reales, y las tradiciones de esta noche van por el mismo camino.
San Pedro Manrique (Soria): caminar sobre brasas al rojo vivo
En San Pedro Manrique, un pueblo de poco más de 500 habitantes en Soria, la noche de San Juan se celebra quemando 2.000 kilos de leña de encina y roble hasta obtener una capa de brasas a temperaturas que pueden rondar los 500 °C. Y entonces, los vecinos cruzan andando. Descalzos. Algunos llevan a otra persona a los hombros. Es una tradición cuyos orígenes se remontan a rituales prerromanos, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Las mujeres, vestidas de blanco con cestas de mimbre (las «móndidas»), abren el paso. Según algunas interpretaciones históricas, sus cestas podrían conservar elementos de las ofrendas que las sacerdotisas celtíberas llevaban a los dioses del fuego.
Ciutadella (Menorca): los caballos que bailan en la calle
Las Fiestas de Sant Joan de Ciutadella son otra cosa. No hay brasas, pero hay caballos. Muchos caballos. La tradición se remonta a 1287, cuando la conquista de Menorca por Alfonso III instauró el culto a San Juan Bautista como patrón. Las fiestas están documentadas desde el siglo XIV y declaradas Fiesta de Interés Turístico Internacional. Durante tres días, los «caixers», jinetes que representan los tres estamentos sociales medievales (clero, nobleza y campesinado), recorren las calles montados a caballo. El momento cumbre es el «Jaleo»: los caballos se encabritan al son de un tambor mientras la multitud los aplaude desde las gradas. Los caballos son de raza menorquina, una raza autóctona de carácter vivo que se cría en la isla desde hace siglos.

Isil (Lleida): la bajada de antorchas del Pirineo
En el Pirineo de Lleida, el pueblo de Isil mantiene «Les Falles», una tradición que consiste en bajar desde la montaña con grandes antorchas de pino encendidas. Los vecinos fabrican las fallas durante semanas: las atan con alambres, las preparan y, al caer la noche del 23 de junio, las encienden y descienden en procesión por las calles del pueblo. Es una imagen que no tiene nada que envidiar a los castillos de fuegos artificiales. Es una tradición pirenaica transmitida durante generaciones y reconocida como una de las celebraciones del fuego más singulares de Europa.

Andalucía: los «júas» y otras hogueras con nombre propio
En muchos pueblos de Andalucía, la noche de San Juan tiene un componente satírico que se pierde en los chiringuitos turísticos. Los «júas» son muñecos que representan a personajes famosos, políticos, artistas o vecinos del pueblo, y se queman en las hogueras. No hay censura. No hay límites. Es un termómetro social disfrazado de tradición: si alguien ha sido noticia por un escándalo, por una declaración polémica o simplemente por hacer el ridículo, probablemente tenga su «júa» ardiendo esa noche. En algunos pueblos, como Granada o Jaén, los jóvenes compiten por hacer el muñeco más ingenioso. El humor es la gasolina.

Galicia: queimada, meigas y la flor que solo existe una noche
En Galicia, la noche de San Juan está rodeada de rituales vinculados al fuego, la queimada y las leyendas sobre meigas. Se prepara un caldero con aguardiente, azúcar, café, limón y canela, se le prende fuego y se recita el «esconxuro», un conjuro en gallego para ahuyentar a las meigas (brujas) y proteger a los presentes. Pero hay una leyenda menos conocida: la de la flor de la higuera. Cuenta la tradición (nunca confirmada) que la higuera florece solo unos minutos durante la noche de San Juan y que quien consiga ver esa flor tendrá buena suerte todo el año. Lo que sí existe es la tradición de saltar las olas en la playa a medianoche para purificarse, que en las costas gallegas tiene un significado casi espiritual, mezcla de rito celta y liturgia cristiana.

Alicante: alrededor de 200 monumentos que arden en una noche
Las Hogueras de San Juan de Alicante son el gran despliegue urbano de la noche. Alrededor de 200 monumentos de cartón piedra, algunos de hasta 20 metros de altura, se distribuyen por toda la ciudad semanas antes de la «Cremà», la noche del 24 de junio, cuando todas arden al mismo tiempo. La tradición comenzó en 1928 y está inspirada en las antiguas Fallas de Valencia, aunque con personalidad propia: aquí la «Bellea del Foc» es la reina de la fiesta y las «mascletás» empiezan una semana antes. Lo que menos se conoce es que cada hoguera tiene su propio «llibret», un libro con la crítica satírica del año que se publica y se quema con el monumento. Alicante es uno de los destinos que explican por qué España sigue batiendo récords de turismo año tras año.
La noche de San Juan no es la más corta del año (y otros datos que arruinan conversaciones)
Se dice siempre que la noche de San Juan es la más corta del año. No lo es. El solsticio de verano, el día con más horas de luz, cae entre el 20 y el 21 de junio. La noche de San Juan, el 23 de junio, ya tiene unos segundos menos de luz que el solsticio. Pero la tradición cristiana fijó San Juan Bautista el 24 de junio (seis meses antes de Navidad, dice la Biblia), y la cultura popular asoció su víspera con el solsticio. El error lleva siglos instalado. Y va a seguir ahí.
Mientras millones de personas saltan hogueras en la playa, estos pueblos siguen celebrando rituales que existían mucho antes de que el turismo convirtiera San Juan en una fiesta de verano. Algunos tienen más de 800 años. Y siguen vivos.




