La FIFA gastó millones en diseñar tres mascotas oficiales para el Mundial 2026: un reno canadiense llamado Maple, un águila calva llamada Clutch y un jaguar mexicano llamado Zayu. Nadie sabe sus nombres. Todo el mundo conoce al pato Merlín, un pato de dos años de Ciudad de México que se coló en las celebraciones del partido inaugural con una camiseta verde de la selección mexicana y se convirtió en el personaje más querido del torneo.
Tiene su propia entrada en Wikipedia. Fue recibido en el Palacio Nacional. La presidenta de México intervino para proteger sus derechos de imagen. Cuando la FIFA intentó apropiarse de su fama, el pato ya tenía marca registrada.
Cómo un pato de una vendedora ambulante se comió el Mundial
Merlín llegó a la familia Gómez el 8 de marzo de 2024, cuando una clienta del puesto de refrescos de Karla Gómez se presentó con un patito en brazos y se lo regaló al hijo de Karla, Cristián. El nombre se lo pusieron en honor al mago Merlín porque, decían, traía buena suerte.
Karla es madre soltera de dos hijos. Se gana la vida con un carrito de agua y refrescos en el centro de Ciudad de México. Merlín la acompaña a todas partes.
Este junio de 2026, México ganó su primer partido del Mundial contra Sudáfrica. La gente salió a la calle. Merlín también. Alguien lo grabó caminando entre la multitud con su camiseta de la selección, una de perro adaptada porque no había talla de pato, y el vídeo se disparó en redes. En 48 horas tenía más cobertura mediática que las tres mascotas oficiales juntas.
La FIFA, la presidenta y la marca registrada
Representantes de la FIFA se reunieron con la familia para una sesión fotográfica. El 20 de junio, TUDN México informó de que la FIFA lo había nombrado embajador oficial del torneo. El 22 de junio, Karla y Merlín fueron recibidos en el Palacio Nacional durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, que ordenó proteger los derechos de imagen de la familia ante empresas que ya lucraban con la imagen del pato sin permiso.
Dos personas, una de Yucatán y otra de Jalisco, habían intentado registrar la marca «Pato Merlín» en el IMPI para explotarla comercialmente durante el Mundial. Sheinbaum lo llamó «abuso» e instruyó a sus funcionarios para acelerar el trámite a favor de la familia Gómez.

El 26 de junio, Karla Ivette Gómez López recibió el registro oficial de la marca «Pato Merlín», nombre y diseño tridimensional, con derechos exclusivos de explotación comercial. La Secretaría de Economía y el IMPI se lo entregaron en persona.
Por qué Merlín funciona y Zayu no
Merlín es real. No lo diseñó ninguna agencia. Es un pato doméstico que quiere a su familia y que un día apareció en la fiesta equivocada vestido con la camiseta correcta.
Zayu, el jaguar oficial, costó meses de trabajo a un equipo de diseño. Tiene nombre, tiene historia, tiene merchandising. No tiene Wikipedia. Merlín llegó a un partido de fútbol con una camiseta de perro y en dos semanas tenía más presencia en medios internacionales que la mascota oficial. The New York Times lo cubrió. La BBC también. No porque nadie lo planificara, sino exactamente porque nadie lo planificó.
Algo parecido pasó con la madre de Vozinha, el portero que se convirtió en el personaje favorito del Mundial para España. Y con la fiebre de los cromos del Mundial, otra historia que nadie planificó y que llenó plazas y vació quioscos. Nadie planifica estas cosas. Por eso funcionan.
El Mundial de la Roja también ha dado los suyos. Pero ninguno tiene Wikipedia propia. Eso sigue siendo territorio de Merlín.
Por cierto: la camiseta que lleva es para perros. La adaptaron porque no encontraron talla de pato. No existe talla de pato porque nadie, hasta él, había necesitado una.




