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TOP 5 ESTA SEMANA

El ordenador de 2.000 años, la batería anterior a la electricidad y 10 objetos más que la ciencia no sabe dónde meter

En 1901, unos buzos que buscaban esponjas cerca de la isla griega de Anticitera sacaron del fondo del mar un objeto que no debería existir. Parecía un bloque de bronce corroído, pero dentro tenía algo que cambió lo que sabemos sobre la tecnología antigua. No fue el primer hallazgo de este tipo ni el último. En distintos puntos del planeta, en contextos arqueológicos donde no tendrían que estar, han ido apareciendo objetos fuera de lugar que no encajan en la línea temporal que nos contaron en el colegio. La arqueología los llama OOPArts (del inglés Out of Place Artifacts): artefactos cuya datación o tecnología no corresponde con el periodo histórico en el que fueron encontrados, según la definición del término recogida por la Wikipedia.

1. El mecanismo de Anticitera: un ordenador en la Grecia clásica

El mecanismo de Anticitera: un ordenador en la Grecia clásica

El objeto que los buzos encontraron en 1901 resultó ser un mecanismo de engranajes de precisión fabricado entre el 150 y el 100 a.C., estudiado en profundidad por el Instituto de Estudios del Mundo Antiguo de la NYU. Tenía al menos 30 ruedas dentadas de bronce, talladas a mano, con una relación de dientes calculada para reproducir los movimientos del Sol, la Luna y los planetas. Predecía eclipses, calculaba fases lunares y seguía el calendario olímpico. Tecnología que no se volvió a ver hasta los relojes astronómicos del siglo XIV, catorce siglos después.

Durante décadas nadie supo explicar qué era. Los rayos X modernos revelaron inscripciones y engranajes que nadie esperaba. Sigue siendo el objeto mecanizado más complejo de la Antigüedad que se conserva. Se adelantó milenios a su tiempo.

Como los peces más raros del mundo, que también parecen salidos de otro planeta, el mecanismo de Anticitera plantea una pregunta incómoda: ¿cuánta tecnología se perdió para siempre?


2. La batería de Bagdad: electricidad antes de que se inventara

La batería de Bagdad: electricidad antes de que se inventara

En 1936, unos obreros que excavaban cerca de Bagdad encontraron una vasija de barro de 13 centímetros con un cilindro de cobre en el interior y una varilla de hierro atravesada. La pieza se conserva en el Museo Nacional de Irak. Cuando los arqueólogos la examinaron, descubrieron que si se llenaba de vinagre o zumo de limón, generaba entre 0,8 y 2 voltios. Era una pila eléctrica. Y databa del 250 a.C., unos 1.800 años antes de que Alessandro Volta inventara la pila moderna.

Nadie sabe para qué servía. Galvanizar objetos metálicos, impresionar fieles en ceremonias con una descarga. Hay teorías pero ninguna certeza. Alguien, hace más de dos milenios, descubrió cómo generar electricidad. Y luego el conocimiento se perdió. La batería de Bagdad es uno de esos objetos fuera de lugar que plantean más preguntas que respuestas.


3. El martillo de Londres: 400 millones de años fuera de lugar

El martillo de Londres: 400 millones de años fuera de lugar

En 1936, una pareja paseaba por las orillas del río Red Creek, cerca de Londres (Texas, no la inglesa), cuando encontraron una roca con un trozo de madera asomando. Al partirla, dentro había un martillo de hierro. El mango estaba parcialmente carbonizado. La cabeza, de hierro forjado, no tenía ni rastro de óxido. La roca que lo envolvía era caliza del período Ordovícico: unos 400 millones de años de antigüedad.

Los creacionistas lo usaron como prueba contra la evolución. Los geofísicos dijeron que la roca podía haberse formado alrededor del objeto en mucho menos tiempo del que parece. El martillo sigue siendo un misterio porque su composición metálica no encaja con las técnicas de fundición conocidas de la zona en ninguna época. Es otro ejemplo de objeto fuera de lugar que la ciencia no logra encajar en la cronología oficial.


4. El mapa de Piri Reis: la Antártida sin hielo en 1513

El mapa de Piri Reis: la Antártida sin hielo en 1513

En 1929, un grupo de historiadores revisaba documentos en la Biblioteca del Palacio de Topkapi, en Estambul, cuando encontraron un mapa dibujado sobre piel de gacela. Lo firmaba el almirante otomano Piri Reis, y en él se veía la costa norte de la Antártida perfectamente perfilada. Sin hielo. El mapa data de 1513. La Antártida no fue avistada oficialmente hasta 1820, y el hielo continental la cubre desde hace al menos 15 millones de años.

Piri Reis anotó en los márgenes que había usado mapas más antiguos, algunos de la época de Alejandro Magno. La precisión de las costas antárticas coincide con estudios sísmicos modernos que han cartografiado el perfil del continente bajo el hielo. Cómo consiguió esos datos un almirante del siglo XVI es algo que ni historiadores ni cartógrafos han logrado explicar. El mapa se conserva en la Biblioteca del Palacio de Topkapi y sigue siendo objeto de estudio.


5. Las esferas de piedra de Costa Rica: la perfección imposible

Las esferas de piedra de Costa Rica: la perfección imposible

En los años 30, la United Fruit Company estaba limpiando terreno selvático en Costa Rica para plantar bananas cuando las excavadoras se toparon con decenas de esferas de piedra perfectamente redondas. Había cientos repartidas por la llanura de Diquís. Las hay desde el tamaño de una pelota de tenis hasta de 2,5 metros de diámetro y 16 toneladas de peso. Están talladas con un margen de error de solo unos milímetros.

La cultura precolombina que las fabricó tallaba la piedra con herramientas de piedra. No tenían metal, ni niveles láser, ni nada que explique cómo conseguían una esfericidad casi perfecta. Algunas están alineadas con constelaciones. Otras forman patrones geométricos. Declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, su datación las sitúa entre el 300 a.C. y el 300 d.C.


6. Las piedras de Ica: dinosaurios y cirugía cardíaca en el mismo sitio

Las esferas de piedra de Costa Rica: la perfección imposible

En Ica, Perú, hay miles de piedras grabadas con escenas que no deberían estar ahí. Hombres montando dinosaurios, figuras con telescopios, lo que parece un trasplante de corazón. Aparecieron en tumbas precolombinas, mezcladas con cerámica y textiles de culturas anteriores a los incas.

Para la arqueología oficial son una falsificación moderna. Pero hay decenas de miles, algunas encontradas en contextos arqueológicos cerrados, y los análisis de pátina indican que no son recientes. Sin pruebas concluyentes, cada teoría encuentra su público.


7. El pájaro de Saqqara: un planeador en el Egipto de los faraones

El pájaro de Saqqara: un planeador en el Egipto de los faraones

En 1898, en la tumba de Pa-di-Imen en Saqqara (Egipto), apareció una figurilla de madera de unos 14 centímetros con forma de pájaro. Pero no un pájaro cualquiera: tiene alas rectas en lugar de redondeadas, una cola vertical y una cola horizontal, y un fuselaje aerodinámico. No parece un pájaro. Parece un avión.

En 1969, el doctor Khalil Messiha, experto en arqueología egipcia y piloto, examinó la pieza y concluyó que era un modelo a escala de un planeador. Con los ajustes adecuados en el centro de gravedad, vuela. La datación de la tumba la sitúa en el 200 a.C. En los sótanos del Museo Egipcio de El Cairo hay varias piezas similares, sin clasificar, olvidadas.


8. El cráneo de cristal: tallado con tecnología que no existía

El cráneo de cristal: tallado con tecnología que no existía

El cráneo de cuarzo más famoso lo encontró Anna Mitchell-Hedges en 1924, durante una excavación en Lubaantún (Belice). Es una pieza de cristal de roca tallada a tamaño natural, con la mandíbula separable, que encaja con una precisión milimétrica. El cuarzo tiene una dureza de 7 en la escala de Mohs. Tallarlo con herramientas precolombinas habría requerido generaciones enteras de trabajo continuo.

Los estudios de la Institución Smithsonian en los años 60 concluyeron que los cráneos de cristal eran fabricaciones modernas. Pero análisis posteriores hallaron marcas de herramientas que no corresponden a técnicas de talla modernas. El cráneo de Mitchell-Hedges sigue siendo uno de esos objetos que, cada vez que se estudia, genera más preguntas que respuestas.


9. Las lámparas de Dendera: ¿bombillas en el antiguo Egipto?

 Las lámparas de Dendera: ¿bombillas en el antiguo Egipto?

En el templo de Hathor, en Dendera (Egipto), hay un bajorrelieve que muestra una figura humana sosteniendo un objeto alargado con forma de tubo de vidrio, dentro del cual hay una serpiente ondulante. Un «cable» conecta la base del objeto con una caja rectangular que algunos interpretan como un generador. Parece una bombilla. Y el conjunto parece una instalación eléctrica.

La egiptología oficial dice que es una representación mitológica: la serpiente es la diosa Wadjet y el objeto es una flor de loto. Pero los críticos señalan que en las cuevas donde no llegaba la luz del sol no se han encontrado restos de hollín de antorchas en los techos. Algunos relieves están en lugares donde sin luz artificial no se habrían podido tallar. Estudiado por egiptólogos del Museo Egipcio de El Cairo, el bajorrelieve de Dendera sigue sin una interpretación unánime.


10. La piedra de Cochno: el mapa de las estrellas que enterraron a propósito

La piedra de Cochno: el mapa de las estrellas que enterraron a propósito

En 1887, un granjero escocés descubrió en su campo, cerca de Glasgow, una losa de piedra de 13 por 8 metros cubierta de petroglifos: espirales, círculos concéntricos, formas geométricas y lo que parece un mapa celeste. La piedra de Cochno data de hace unos 5.000 años, del Neolítico. En 1965, para protegerla de los grafitis y el vandalismo, los arqueólogos la volvieron a enterrar. Y allí se quedó hasta 2016, cuando un equipo de la Universidad de Glasgow la desenterró para escanearla en 3D.

Los investigadores siguen sin ponerse de acuerdo sobre lo que significa. Algunos creen que es un mapa del cielo con las posiciones de las estrellas. Otros, un calendario agrícola. Nadie sabe a ciencia cierta qué información contiene, ni por quien la grabó sintió la necesidad de documentarlo todo en una piedra del tamaño de un camión.


11. La eolípila de Herón: la revolución industrial que no fue

La eolípila de Herón

Herón de Alejandría, un ingeniero griego del siglo I d.C., inventó la eolípila: una esfera de bronce con dos tubos curvos que, al calentarse, giraba impulsada por el vapor. Era una máquina de vapor, y el Museo Británico conserva una de las primeras representaciones conocidas del invento. Herón no solo la diseñó, la construyó y la hizo funcionar. La historia lo registra como un experimento curioso, un juguete de ingeniero aburrido.

Pero si alguien hubiera conectado esa esfera a un mecanismo útil en el siglo I, la Revolución Industrial habría llegado diecisiete siglos antes. Trenes de vapor romanos, fábricas en la Alejandría del año 50. Herón murió sin saber que su invento adelantado se convertiría en el símbolo de todas las tecnologías que la historia dejó aparcadas en una estantería.


12. Los discos Dropa: el misterio que nunca se resolvió del todo

Los discos Dropa: el misterio que nunca se resolvió del todo

En 1938, una expedición arqueológica china encontró en una cueva del Himalaya, en la frontera entre el Tíbet y China, cientos de discos de piedra de unos 30 centímetros de diámetro, con un agujero en el centro y un surco en espiral grabado en la superficie. En el interior del surco, diminutos jeroglíficos que, según la traducción del profesor Tsum Um Nui —de la Academia de Ciencias de Pekín—, contaban la historia de una nave extraterrestre que se estrelló en la región hace 12.000 años.

La traducción original se perdió, los discos desaparecieron durante la Revolución Cultural y las únicas fuentes son relatos de segunda mano. Para la ciencia oficial, los discos Dropa son un bulo. De los que, al menos, entretienen.

Objetos que no deberían estar donde están

Doce objetos que alguien encontró donde no tocaban. La ciencia ha explicado algunos. Otros siguen en el limbo de lo que no encaja, esperando una teoría. Puede que la historia de la tecnología humana sea más compleja de lo que los libros de texto cuentan, con más saltos y pérdidas. Puede que haya objetos que no se dejan fechar. Están ahí, en museos y colecciones privadas.

Como los inventos españoles que usas sin saberlo, algunos de estos objetos están más cerca de lo que parece. Solo hace falta mirarlos con otros ojos.

Postureo Español
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